La planificación bambú

Septiembre siempre me ha olido a nuevo. Como esos libros texto por estrenar, como ese material recién comprado, o como esas expectativas de lo nuevo por hacer, por aprender. Sobre todo por esas expectativas. Porque al arranque de todo nuevo proyecto, no es raro encontrar un buen saco de motivación. El mérito está en mantener ese saco lleno a lo largo de la temporada. Y gran parte del secreto está en una buena planificación deportiva.

La labor de un entrenador o entrenadora va mucho más allá de la imagen de esa persona a pie de campo dando instrucciones y dirigiendo al equipo o al deportista en plena acción. Eso es sólo la cara visible, la punta del iceberg, pero hay todo un trabajo detrás y entre bambalinas. Y una de las responsabilidades quizá más complejas a la par que relevantes que tiene es, sin lugar a dudas, la planificación de la temporada. Desde el punto de vista psicológico, es importante y se puede beneficiar por los siguientes motivos:

📌 El entrenador es un gestor de equipos, en plural: el que juega, el que no juega, el que ni siquiera será convocado, y el del staff técnico con el que trabaja. Las habilidades de comunicación, toma de decisiones, trabajo en equipo, en ocasiones resolución de conflictos, etc. serán fundamentales

📌 Planificar de manera adecuada permite trabajar de manera preventiva, contemplando recursos y anticipando riesgos a lo largo de la temporada, aprovechando los primeros y aliviando o amortiguando los segundos. A nivel psicológico son muchas las variables que se ven afectadas: altibajos de motivación y confianza, agotamiento psicológico, preparación en momentos puntuales, etc.

📌 La cantidad de variables a tener en cuenta puede ser enorme. Desde el calendario de competición hasta los contratiempos que pueden surgir, los medios, el tiempo disponible, desplazamientos, compromisos competitivos o comerciales, etc. Trabajar de manera ordenada y rigurosa desde el principio ayuda a ordenar y coordinar todas esas variables y optimizar al máximo el entrenamiento

📌 Trabajar con método y orden permite tener un rumbo y no ir a la deriva. Genera una mayor sensación de control y por tanto una mayor confianza tanto en entrenadores como en deportistas

📌 A nivel de motivación, y conociendo cómo funciona esta variable, seremos también más capaces de mantenerla lo más estable posible a lo largo de la temporada

La planificación deportiva podría asemejarse al bambú. Pero volveré sobre ello más adelante

Lo cierto es que cada deporte y cada equipo pueden contar con sus particularidades. Piensa, por ejemplo, en un equipo de baloncesto de primer nivel y en un saltador de pértiga que se prepara para unos Juegos Olímpicos. Formas de entrenamiento diferentes, con diferentes medios y recursos, con frecuencias competitivas distintas, disponibilidades de tiempo diferentes, calendarios distintos, etc… todo esto influye en la manera de planificar el trabajo en ambos casos. Se trata, por lo tanto, de un trabajo muy personalizado y a medida y que requiere de un análisis preciso previo a decidir nuestros objetivos y el contenido de los entrenamientos.

Un análisis que va de lo más general a lo más concreto, y que va desde la delimitación del tiempo que queremos planificar, hasta el estudio detallado del calendario de competiciones, tanto obligatorias e ineludibles como opcionales, en función del tipo de deporte o del nivel en el que nos movamos, para, finalmente, analizar y determinar de la manera más honesta y objetiva posible, las opciones de nuestro equipo o deportistas en dichas competiciones, considerando sus recursos, actuales y potenciales, frente a la dificultad de cada evento.

Y es con toda esta información sobre la mesa, cuando podremos definir nuestros objetivos, tanto de resultado como de realización, en este mismo orden. Los primeros son los logros que esperamos alcanzar a nivel de resultados. Los segundos, aquellas conductas propias que nos facilitan la obtención de los primeros. Y en ambos casos, lo más específicos, medibles, alcanzables (factor ligado a la autoconfianza, para lo cual nos ayudará enormemente el análisis anterior), retadores (interesantes, atractivos, motivadores) y acotados en el tiempo (nuevamente el análisis previo es fundamental) que sea posible. Ahora sí, el acrónimo SMART entra en juego.

Desde el punto de vista psicológico, conviene no dejar largos periodos de tiempo sin objetivos. Si queda mucho tiempo hasta la meta marcada, meter objetivos intermedios de resultado que contribuyan a la preparación del deportista y supongan competiciones-test es fundamental para mantener la motivación y, de paso, ganar confianza con la mejora percibida. Si esta opción no fuera posible (y aún siéndolo, diría yo) es conveniente marcar objetivos de realización que guarden relación con los de resultado y, siendo alcanzables, supongan una mejora para el  deportista. + 2 de motivación y confianza. Dos pájaros de un tiro.

Y aquí es donde viene la chicha, una vez que hemos puesto la mesa. Aquí es donde toca decidir cuál es el contenido de trabajo, aún sin llegar al detalle. Para lo cual habrá que estudiar qué necesidades hay que atender para lograr los objetivos y qué recursos tiene y puede potenciar el equipo, tanto de manera global como línea por línea y deportista por deportista, de modo que se pueda determinar el trabajo a realizar.

El proceso de planificación está, o debería estar, sujeto a una revisión y reajuste casi constantes. De este modo, habría que ajustar el trabajo que hayamos determinado al tiempo disponible. Es decir, volver a analizar, ahora con más detalle y conocimiento, el tiempo real de que disponemos para ejecutar el plan de trabajo, lo cual puede llevarnos a una reconsideración adicional sobre la viabilidad del plan, de modo que tengamos que reconsiderar:

📌 Los objetivos: modificandolos, eliminando o priorizando

📌 El contenido de trabajo: ajustando el contenido a los objetivos si se decide que no vamos a tocarlos

Establecer, por último, las prioridades tanto de objetivos como de contenidos es el último paso y requiere de un análisis preciso y una toma de decisiones por parte del entrenador para terminar de ajustar la planificación. En este punto, es sumamente importante involucrar a cada integrante del cuerpo técnico para comunicar las prioridades de cada parcela, y estos a su vez deben ser capaces de asumir esta decisión y adaptar su labor al nuevo plan, con el tiempo y recursos disponibles para hacerlo

Hasta aquí, la impresión que puede quedar es la de un trabajo sumamente analítico, metódico y riguroso. Pero bajo ningún concepto debemos olvidar que el deporte es, ante todo, dinámico y a veces impredecible. En cierto modo en ello reside parte de su encanto. Por ello, hay una palabra que quiero resaltar: flexibilidad

Es importante anticipar posibles dificultades y tener preparado un plan b. Es importante, en definitiva, que el plan sea flexible, que cuente con alternativas y que nos permita afrontar los posibles avatares que seguro, encontraremos.

La planificación, en definitiva, ha de ser como el bambú: rigurosa, robusta, pero flexible y, como indica José María Buceta, “estar al servicio del entrenador”, y no al revés.

Referenc

Y tú ¿has preparado la temporada de tu equipo como merece?

Un comentario en “La planificación bambú

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